Una huella intensa sobre los aires del Nahuel Huapi

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Un viaje en velero con un rumbo definido, una bahía sobre el Nahuel Huapi donde el viento se encuentre calmo para disfrutar de un buen vino.

Esa fue la propuesta organizada por Diego Digiacomo para degustar las variedades de la bodega mendocina Enosur, para quien trabaja como representante en la zona.

El nombre de los ejemplares “Tierra Prometida” y el contexto, se complementaron en una aventura en vivo.

El escenario natural rompió con el contexto habitual de este tipo de encuentros. Los tripulantes, en su mayoría relacionados a la gastronomía y al periodismo gastronómico, emprendieron viaje desde las costas del camping Puerto Petunia, sobre el km 13.500 de la Av. Bustillo.

De esta manera, se despidió la estación de verano, con cepas tintas que sin quedar reprimidas expandieron sus aromas al aire libre, sobre una hermosa playa cercana a Puerto Bueno, al sureste de la Península San Pedro.

Durante la experiencia, Diego comento detalles del vino, explicó características y particularidades de esta bodega boutique, creada en el 2004 por Monica López y Jacqueline Tytgat, descendientes de familia de gastronómicos, quienes se instalaron en Vistalba, Luján de Cuyo, Mendoza y desde allí dieron forma a sus vinos, bajo las recomendaciones de los enólogos Pablo y Héctor Durigutti.

Una bodega que ya se publicita en el extranjero como “de mujeres argentinas”.

Sus productos se caracterizaron en un principio por ser solo de exportación, logrando gran aceptación principalmente en Brasil, un país que a pesar de elaborar sus propios vinos, especialmente blancos y espumantes, demanda los productos tintos argentinos, de sabores concentrados. También se venden bien en México, Ecuador, Colombia, Venezuela y Estados Unidos, en especial los malbec y en el mercado europeo ya comenzaron a dar que hablar por su excelencia.

Actualmente, sus variedades están ganando terreno en el mercado nacional, con ejemplares Premium, que en nuestra ciudad se encuentran en la vinoteca Freixa & Vinos.

Mientras el viento soplaba a unos 15 nudos, provocando olas que sin ser peligrosas generaban cierta adrenalina, la bahía esperaba con viento en calma. Una vez en el lugar, las copas se acomodaron sin inconveniente y los vinos comenzaron por si mismos a expresar sus particularidades.

Luego de una charla introductiva sobre la embarcación, donde el representante explicó también detalles de elaboración, los vinos fueron maridados con fiambres ahumados, permitiendo a los invitados sacar sus propias conclusiones, dejando de lado los sabores metafóricos que en ciertas ocasiones, en el negocio vitivinícola, son solo cuestión de marketing.

El malbec Reserva 2006 se sirvió en primer lugar. Un vino que dejo huella en el ambiente y en boca, las ganas de un siguiente sorbo. Elaborado en base a uvas de producciones propias, cosechadas de vides de entre 80 y 90 años, producidas en el Valle de Uco y en Lujan de Cuyo. Un ejemplar con mucha personalidad, lejos de ser agresivo expresa el carácter que desarrolló durante 14 meses en barricas nuevas de roble francés. Su producción anual es de unas 15 mil botellas.

Luego, un Bonarda 2007, muy frutado, 100% varietal. También con aromas intensos y sabores dulces, como los de frutos maduros. Las vides de esta cepa poseen unos 25 años y se elaboran anualmente unas 30 mil botellas.

Ambos son vinos sin filtrar, por ello la primera recomendación de Diego fue no agitar la botella, si es transportada de un lugar a otro se debe dejar en reposo unos cuantos minutos antes de servir, para que la borra no pase a la copa.

A pesar del frescor, que comenzó a sentirse sobre el Nahuel Huapi en horas del atardecer, el paseo fue todo un éxito.

Enosur es un emprendimiento que descubre no solo el protagonismo de las mujeres en cuanto al consumo, sino también en la producción y economía del mundo vitivinícola. Una aventura para repetir, una huella que debe ser remarcada.

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